(mensaje número 315)
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¿Eres de ese reducidísimo grupo de “super-mega-hiper-multimillonarios” que, de vez en cuando aparecen en los ranking de la revista Fortune?.
¿Tienes tanta cantidad de dinero que no sabes en qué gastártelo?.
Pues, sigue leyendo que yo te doy alguna pista.
Las joyas también son para los hombres. Así lo ha entendido el suizo Roland Alexander Iten que, desde hace unos años, diseña hebillas para los cinturones masculinos, aunque no sólo. Son auténticas obras de arte por su precisión y unas joyas con precios astronómicos (desde 10.000 hasta más de 100.000 euros). Y es que, poco a poco, los hombres están recuperando su derecho a las joyas. Un derecho histórico, porque a lo largo de los tiempos el atuendo masculino fue añadiendo elementos decorativos de diversa índole. Las hebillas, por cierto, están entre los adornos con espíritu práctico más antiguo. Aunque también eran joyas las antiguas armas de duelo, las espuelas, las medallas honoríficas, las cadenas y, más tarde, las petacas o los mecheros.
La historia se remonta al año 2003, cuando Carol Galiano, esposa de Roland Alexander Iten, fundó la empresa “The House of Eight” (La Casa del Ocho), una firma que decidió aprovechar la capacidad de los mecánicos de la industria de la relojería suiza para aplicarla a otros productos de lujo, como las hebillas para los cinturones. Nacía así una nueva joya que añadir al adorno masculino, nada ostentosa y sumamente refinada.
Lo curioso es el nombre de su empresa: “Casa del Ocho“. El número 8 tiene un profundo significado personal para Roland Alexander Iten. No en vano se cree que el número 8 aporta felicidad y prosperidad y es el símbolo del infinito. El 8 es sinónimo del objetivo de esta compañía: sorprender con lujosos productos.
Roland Alexander Iten, experto en ingeniería y manufacturas, siempre había soñado con crear una marca de lujo, muy especial y para hombres exquisitos. Pensó que en el mundo de los relojes de gama alta ya estaba casi todo inventado pero no en el de otros aditamentos y se le ocurrió fijarse en las hebillas de los cinturones.
Puso manos a la obra y se planteó un producto exclusivo, con colecciones limitadas de 88 unidades (para los modelos en oro) y otras de 888 para los modelos de acero. Todas manufacturadas en Ginebra (Suiza) con los más lujosos materiales y piedras preciosas, entre los que incluye también el titanio y las maderas nobles, como ciertos robles o el mouguet, e incluso el barniz chino. La idea era hacer piezas realmente especiales para hombres a los que hiciera felices llevar algo que nadie pudiera imaginar.
Faltaba por crear un mercado, pero no le costó mucho descubrir que había dado en el clavo y que el producto tenía su público. Roland Alexander Iten tarda 18 meses en diseñar y manufacturar sus hebillas, y lo explica así: “El proceso creativo de un producto superior requiere la consideración de miles de detalles que deben resolverse de forma ordenada porque, al final, el resultado debe ser absolutamente perfecto. ¿Que si hay similitud entre la creación de relojes y de hebillas? Sí y no, pues todas mis creaciones están hechas de bloques muy sólidos de oro, acero y titanio, como los relojes con ediciones limitadas. La gran diferencia es que muchas de las partes de los relojes mecánicos son producciones en serie y en mis hebillas, cada una de las piezas, incluso los tornillos, son artesanales. Mis clientes pagan la exclusividad“.
¿Quiénes se gastan más de 100.000 euros en una hebilla para sujetar sus jeans? Roland Alexander Iten no da nombres, pero comenta que hace poco tiempo, un amigo suyo (de una de las casas más importantes de relojes de Suiza y Londres, de la que tampoco da el nombre) le llamó para decirle que había comido con un cliente que llevaba en la muñeca un Bugatti (nota para los lectores del blog: el reloj parmigiani bugatti type 370, cuesta más de 100.000 dólares USA) y en el cinturón una hebilla suya. Y concluye su relato afirmando: “No me sorprendió, pero sí me halagó. Son gentes discretas, que saben en qué invierten el dinero“.
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